Villa Unión y Villagrán

20 Dic, 2019 El Heraldo de Saltillo

  En el noreste de Coahuila, dos pequeñas poblaciones, Gigedo y Rosales, formaron, en 1927, Villa Unión. Oasis, con una nogalera impresionante, y sitio de devoción para miles de creyentes que visitan al Santo Niño de los Peyotes, milagrosa figura que tiene como su casa una centenaria capilla ubicada a pocos pasos de la Presidencia Municipal.

Los habitantes de la región son herederos de conquistadores y expedicionarios que colonizaron el norte inhóspito y lejano. También lo son de héroes republicanos que vencieron al imperio en las cercanías de Gigedo, así como de revolucionarios que se levantaron en armas contra la dictadura.

Villa Unión es parte de los Cinco Manantiales. Así se conoce a la región que comparte con Nava, Allende, Zaragoza y Morelos. El subsuelo, su nombre lo anticipa, es rico en agua y las nogaleras reciben el preciado líquido gracias a centenarias acequias. Muy cerca se encuentran Piedras Negras y Guerrero, pueblo mágico, en donde se recuerda el viejo camino a San Antonio de Béjar.

Los habitantes de Villa Unión, al igual que sus vecinos, son conocidos por su bonhomía y laboriosidad. En el área funciona una de las más grandes cerveceras del mundo. Hay enormes minas de carbón y una impresionante termoeléctrica. Los Manantiales cuentan con universidad, escuelas de educación superior y se juega muy buen béisbol, algo importante en estos tiempos. A ello se añade una rica agricultura y ganadería.

El 30 de noviembre ingresaron terroristas por un camino rural a la pacifica población: más de cien delincuentes a bordo de decenas de camionetas. El resultado es conocido, pero vale la pena puntualizar algunas cosas.

Primero: Los intrusos fueron derrotados. La policía estatal y las fuerzas federales actuaron de inmediato y repelieron la agresión.

Segundo: El gobernador Miguel Ángel Riquelme se presentó en el lugar unas horas después de iniciado el ataque, y me dicen que aún se oían disparos. Respaldó a las fuerzas del orden, a la autoridad municipal y a la población civil.

Tercero: La sociedad apoyó de inmediato la actuación del ejecutivo. Los coahuilenses entendieron y se congratularon por las decisiones tomadas. Seguro recordaron los lejanos días de la violencia que inundó Coahuila.

Villagrán es un hermoso poblado de Guanajuato. Días atrás un grupo de delincuentes lo tomó por asalto, secuestró policías y escandalizó en sus calles. Después se marchó, ante el miedo de los vecinos y la pasividad de las autoridades.

Los agresores de Villa Unión salieron de Tamaulipas, tierra de nadie, cruzaron Nuevo León, territorio del “Bronco”, e ingresaron a Coahuila. En las dos primeras entidades no se les marcó el alto; avanzaron como paseantes en una tarde dominguera. En la tercera, las cosas fueron distintas.

Entre la violencia y la paz hay un factor evidente . Un buen gobernador marca la diferencia. En Coahuila tenemos uno muy bueno.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA
@RUBENMOREIRAVDZ

Evo y Sínodo

24 Nov, 2019 El Heraldo de Saltillo

“Es urgente enfrentarnos a la explotación ilimitada de la “casa común” y de sus habitantes. Una de las causas principales de la destrucción en la Amazonía es el extractivismo predatorio que responde a la lógica de la avaricia, propia del paradigma tecnocrático dominante”.

  Los efectos de la destrucción ambiental son evidentes y en el horizonte no aparece la posibilidad de un cambio radical que mejore la forma en la cual actúa la sociedad sobre la naturaleza. La cultura humana necesariamente impacta y modifica su entorno. Así ha sucedido desde los remotos tiempos en los que el más lejano de nuestros antepasados utilizó la inteligencia y no el instinto para vivir. La fragilidad física de la especie fue compensada con la capacidad de resolver problemas y retener culturalmente los aprendizajes.

Sin embargo, la aptitud intelectual que le permitió al hombre sobrevivir a otras especies, se ha convertido en un riesgo para él mismo, e incluso para los demás seres de la creación. El capitalismo voraz, el consumismo y lo que podemos denominar el confort de la civilización occidental, son tres elementos −producto de la inteligencia humana− que empujan la destrucción del planeta.

El confort de la civilización occidental, entre otros daños, acelera el cambio climático y la ruptura del desarrollo sostenible. Es fácil distinguir algunas de las conductas perniciosas que lo caracterizan. Así encontramos, el excesivo consumo de carne y lácteos que degrada tierras, agota los mantos friáticos y elimina cultivos que pueden sostener a millones de personas; o la moda de grandes supermercados que destruyen economías locales, asfixian a los productores e importan estilos de vida ajenos a las realidades nacionales; o el uso vehículos de gran cilindraje que intoxican la atmósfera y constribuyen a la eliminación de especies.

Para lograr que la sociedad acepte el costo ambiental, los empresarios arman poderosas campañas publicitarias que hacen ver conveniente una vida llena de satisfactores. Para acabarla de fregar, dirían los clásicos, el consumidor paga el despliegue de comunicación chatarra, y de su menguado salario se cubre una actividad que no mejora el producto que adquiere.

El párrafo que abre esta columna forma parte del documento final del Sínodo Panamazónico recién clausurado por el Papa Francisco. En la red se puede encontrar el texto íntegro y descubrir que las reflexiones y soluciones que se proponen son aplicables a cualquier región del tercer mundo. También es fácil concluir que la riqueza de muchas de las naciones del norte se sostiene por la depredación de aquellas que están al sur.

Mucho se puede decir sobre Venezuela y Bolivia, pero sin duda son bocados apetitosos para el capitalismo voraz que reclama disponibilidad de petróleo y minerales baratos. Evo y su obra deben ser juzgados por su pueblo y no por los que se han beneficiado por la expolio de la riqueza boliviana.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA
@RUBENMOREIRAVDZ

No todo lo que brilla es oro

19 Oct, 2019 El Heraldo de México

El mundo vive una dramática paradoja: como nunca en la historia hay un aumento en la producción de satisfactores y, sin embargo, una buena parte de estos dañan al ser humano o al medio ambiente

  Un kilo de papas fritas, de las que puede distinguir por una sonrisa, cuesta 311 pesos (22 bolsas de 45g), cantidad de dinero suficiente para comprar 10 kilos de papa natural.

El productor original vende su papa en 10 pesos el kilo, transformarla en un producto dañino y gracias a la publicidad engañosa, le da al empresario de la comida chatarra, una diferencia aproximada al 3 mil por ciento en su venta en supermercado o tienda de conveniencia.

La operación que le describo se puede realizar por cualquiera de nosotros, a las papas u otro producto natural, los datos se encuentran en la red. La actual economía de mercado exprime a los productores, elimina los antiguos canales de distribución (las tiendas de barrio) y destruye el medio ambiente.

Lo anterior, sin contar el mayor de los daños: los productos procesados tienen altos contenidos en sustancias que dañan la salud y son el origen de una epidemia de diabetes, hipertensión, cáncer y problemas cardiovasculares.

Las generaciones de mexicanos nacidas en los años 60 y 70, por ejemplo, fueron bombardeadas por la entonces naciente televisión con millones de anuncios que impulsaban el consumo de refrescos y pastelillos cargados de azúcar; el resultado: los entonces niños, hoy, en su vida adulta, y en más casos de los que deberían presentarse, son víctimas de obesidad.

El mundo vive una dramática paradoja: como nunca en la historia hay un aumento en la producción de satisfactores y, sin embargo, una buena parte de estos dañan al ser humano o al medio ambiente. La perversidad se completa cuando los productos se ofrecen al consumidor ocultando sus efectos nocivos y se destruyen las economías locales.

A la industria no le gusta decir que hoy tenemos hospitales llenos de pacientes con enfermedades que se adquirieron ante el impulso del marketing y el consumismo. Tampoco se quiere decir que hay más comida sana que personas que alimentar y que se prefiere tirar los productos que disminuir su precio.

Esther Vivas, autora de El negocio de la comida, nos dice: “Las causas del hambre, ya sea en los países del sur o aquí en el norte, es resultado de la mercantilización que se ha hecho de la comida y los alimentos, que han dejado de ser un bien común para convertirse en una mercancía y en un negocio en manos de unas pocas empresas, de modo que si no tienes los recursos económicos necesarios para comprar comida, esta acaba antes en la basura que en el estómago de las personas”.

No aplaudir muchas iniciativas que han tenido éxito, eliminación de popotes o bolsas de plástico, sería mezquino. Pero tenemos que aceptar que son insuficientes y que vamos, como humanidad, al colapso.

Distraídos en la coyuntura, pasamos por alto la enorme destrucción social, económica y ambiental de los grandes corporativos. La producción y distribución de alimentos son un ejemplo de lo anterior.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA
@RUBENMOREIRAVDZ

Etiqueta clara ya

30 Sep, 2019 La Prensa de Monclova

“La avidez del mercado descontrola el deseo de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos que tienen un carácter eficaz, efímero y hasta mesiánico. Se legitima que los deseos se vuelven felicidad. Como sólo se necesita lo inmediato, la felicidad se pretende alcanzar con bienes económicos y satisfacción hedonista”.

  En cualquier supermercado el consumidor se enfrenta a una lluvia de productos que con etiquetas y mensajes atractivos lo invitan a pagar por él y llevarlo a la mesa. Profesionales del marketing ponen toda su habilidad para colocar atributos al contenido de una lata o bolsa que se ubica en un anaquel.

  No hay que dudar mucho para llenar el carro de supermercado con lo que parece ser una despensa saludable: tortillas de harina, jugos de fruta, pan integral, leche deslactosada o refrescos “sin azúcar”. De todos ellos podemos encontrar en la prensa, radio y televisión, sugerentes spots que los vinculan a una vida sana.

  El texto transcrito en el primer párrafo forma parte del Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y es de una profunda actualidad, no obstante, que data del año 2007. El consumismo producto de una publicidad engañosa se ha convertido en una de las mas terribles plagas de nuestro tiempo. Muchas voces han denunciado la voracidad mercadológica.  La misma Iglesia católica ha insistido en diversos textos, uno muy destacable es la encíclica “Laudato Si”.

  En Mesa Directiva de Cámara de Diputados hay un dictamen de la Comisión de Salud donde se propone un etiquetado claro para los alimentos. Ocho iniciativas motivaron el dictamen; pudo ser mejor, pero es un gran avance y debe votarse pronto. Se trata de que el consumidor vea con claridad si el producto tiene altos contenidos de sodio, azúcar, grasas saturadas o calorías.

  La idea, por cierto, nacida de un justo reclamo de la sociedad civil, ha enfrentado el cabildeo de la industria alimentario. Decenas de lobistas recorren los pasillos de san Lázaro y las oficinas de gobierno para evitar la aprobación.  Argumentan que se daña la libertad de engaño, perdón de comercio.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA
@RUBENMOREIRAVDZ

¿Qué sucedió?

9 Sep, 2019 Voz y Voto

El 11 de agosto se realizaron los comicios para elegir a la nueva dirigencia del Partido Revolucionario Institucional.

Triunfó la fórmula conformada por Alejandro Moreno Cárdenas y Carolina Viggiano Austria. El primero, exgobernador con licencia de Campeche, la segunda, legisladora en distintas ocasiones por el estado de Hidalgo. Los dos se distinguen por su trayectoria en cargos de dirigencia partidista.

A las más de 6,000 urnas que se instalaron en el país acudieron 1,885,269 priistas. La fórmula ganadora obtuvo 1,603,725 votos; el segundo lugar correspondió a la encabezada por la exgobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega y José Encarnación Alfaro, en tanto que la tercera posición fue para Lorena Piñón y Daniel Santos. Respectivamente, consiguieron 177,298 y 49,251 votos.

El resultado no fue una sorpresa. Varias encuestas lo anticiparon. Días antes de la elección, los periódicos Reforma y El Universal pronosticaron, con sus correspondientes estudios de opinión, el desenlace de la contienda. El mismo 11 de agosto la empresa Mitofsky, al cierre de urnas y con un ejercicio estadístico, anticipó el triunfo de Alejandro Moreno. Horas después, el programa de resultados preliminares y las actas que fluyeron hacia el órgano de procesos internos del partido confirmaron las tendencias.

¿Por qué una elección abierta?

Para la renovación de su dirigencia nacional, el PRI seleccionó el método que permite a todos los militantes participar con su voto. No es la primera vez que el tricolor realiza una contienda con estas características. Valga decir, la anterior también se desarrolló cuando el partido estaba en la oposición. Y aclaro que, estando en el gobierno, el PRI siempre ha encontrado un “conveniente consenso” para designar a su timonel.

Durante los años que gobernó el presidente Peña desfilaron siete dirigentes: Cristina Díaz, César Camacho, Manlio Fabio Beltrones, Carolina Monroy, Enrique Ochoa, René Juárez y Claudia Ruiz Massieu. Como se puede inferir, el promedio de permanencia es inferior a un año.

No se tiene que reflexionar mucho para obtener conclusiones acerca del rol del PRI en ese periodo: 1. Es evidente la sumisión a un poder “meta partidario” que remueve y designa a las dirigencias sin el concurso de la militancia. 2. No hay forma con la cual se pueda construir un proyecto partidario de mediano y largo plazo, y mucho menos dar buenos resultados electorales. La secuencia de nombramientos se asemeja a lo que sucede en el béisbol cuando el mánager cambia a los lanzadores en un intento por evitar la paliza; o bien, como narra Francisco Rojas en su famoso cuento El diosero, para cada ocasión se fabricaba un ídolo que era sustituido ante un mal resultado o una nueva necesidad.

La dirigencia de Claudia Ruiz Massieu terminará la que inició Manlio Fabio Beltrones, por lo que el proceso electivo era inevitable. No fue posible la prórroga o la sustitución “meta estatutaria”. Ante la contienda se abrieron dos frentes de opinión: los que propusieron una elección donde la militancia participara y los que predicaban “otro método”. Los últimos nunca fueron claros sobre el procedimiento reglamentario que proponían, haciendo parecer que se deseaba más un acuerdo cupular. Al final se optó por el método mencionado. Desde mi punto de vista, fue la mejor decisión que se pudo tomar.

Los órganos electorales del Comité Ejecutivo Nacional organizaron una buena contienda. Muchos militantes, más de lo esperado, acudieron a las urnas y el resultado confirmó los pronósticos de las encuestadoras. No puede despreciarse el esfuerzo que significó instalar las mesas receptoras de votos y organizar la contienda.

La campaña

En cuarenta y cinco días, y con un tope de gasto inferior a los cinco millones de pesos, las tres fórmulas desarrollaron sus campañas electorales. Se desplegaron estrategias muy distintas. Alejandro Moreno y Carolina Viggiano optaron por recorrer el territorio, buscar en las entidades acuerdos con las fuerzas reales y plantear la unidad, así como la promesa de transferir la toma de decisiones importantes a la militancia como ruta para la recuperación del partido.

Ivonne Ortega y Encarnación Alfaro apostaron a las redes sociales, al marketing y a un discurso de confrontación. A mi juicio, la estrategia violenta de la exgobernadora de Yucatán hizo rápidamente inviable su candidatura. Su discurso chocó con sus antecedentes políticos. Nunca distinguió que el receptor de su mensaje era lo más duro del priismo, el que tiene conocimiento de los actores y las formas que se dan dentro del partido. Por último, su planteamiento discursivo torpedeó la visión de su “futura” dirigencia, transmitiendo un mensaje equivocado y el resultado lo comprueba.

La tercera fórmula, integrada por dos militantes con presencia regional, inicialmente padeció de una inexplicable expulsión del partido. Con una resolución del Tribunal Electoral regresaron a la contienda y aun cuando quedaron lejos del primer lugar, dejaron constancia de su discurso de irrupción y de una campaña activa. Además, ganaron algo importante dentro del PRI: presencia nacional.

Hace muchos años escuché de un político: “es cierto: el que se enoja, pierde”. Pero también es cierto, “el que pierde, se enoja”. La fórmula que quedó en segundo lugar no aceptó la derrota y a la fecha que se escriben estas líneas no se sabe si recurrirá o no a los tribunales. Se antoja muy poco probable que lo hagan. La diferencia es tan grande que no deja lugar a dudas sobre el resultado. En ese sentido, para cuando aparezca este artículo, la dirigencia ya estará en funciones.

¿Qué sigue?

En un artículo anterior apunté las cuatro grandes tareas que el partido habrá de enfrentar (http://revista.vozyvoto.com.mx/el-dia-despues/). Ahora sólo voy a enumerarlas y agregar algunos comentarios sobre retos específicos que tiene la nueva dirigencia, en particular, en la organización y administración del partido. Espero que al referirlos sirvan al lector para sacar conclusiones sobre su situación actual y contribuyan al análisis de las causas que llevaron a la terrible derrota de 2018.

Las cuatro grandes tareas son: 1. Resolver cuál es nuestro proyecto de nación y en dónde buscaremos nuestras simpatías. Solventar qué somos y a quién representamos; 2. Cómo nos vamos a organizar en el futuro; 3. Cuál debe ser nuestra relación con el poder, el que sale de otras opciones políticas y el que llega al gobierno avalado por las siglas del PRI, y 4. Solucionar el conflicto de la toma de decisiones en el interior del partido.

El primero de los enumerados pareciera extraño que se tenga que discutir. Sin embargo, resulta evidente que, en los últimos años, el PRI padeció una especie de esquizofrenia. En nuestro programa de acción encontramos un discurso y en la historia del último gobierno una realidad distinta. Quizá una de las grandes causas de la derrota se encuentre en esa patología partidaria.

El reto inmediato de Alejandro Moreno y Carolina Viggiano es enfrentar las condiciones desastrosas en las que se encuentra el instituto político que van a dirigir. Me permito señalar algunas:

1 Finanzas complicadas. Si bien no estamos ante la tragedia que ocasionaron las multas del Pemexgate, la caída de los votos generó una disminución sustancial de recursos. En las entidades sucede lo mismo: muchos comités directivos están a punto de la asfixia.

2 Asincronía. En los últimos meses se ha observado una clara inconsistencia en la actuación del partido y en las bancadas de diputados y senadores. Más aún, las legislaturas locales han tomado rumbos extremos. El más notable se presentó en Baja California, donde se respaldó el intento de ampliar el periodo del gobernador electo. En un Estado democrático, un proyecto de nación es básicamente una postura que se conforma desde la legislación. En este renglón, la dirigencia tendrá que enfrentar el dilema: voto de partido o voto en conciencia. En términos crudos: solidez de la ideología o beneficio político del pragmatismo.

3 El inmovilismo. Desde el periodo de Luis Donaldo Colosio, salvo excepciones regionales, en el PRI se abandonó la práctica partidaria. Hoy tenemos dirigencias estatales y consejos políticos vencidos, municipios donde ya no hay comités partidarios, y la mayor parte de los seccionales no han sido renovados en años o no existen. Se abandonó la operación del partido de masas. En algún momento se encontró en el marketing un placebo momentáneo. Diseñado como un partido de masas, parece tarea titánica poner de pie al gigante, pero resulta inevitable asumirla, salvo que la militancia decida una conversión a otro modelo de partido.

Apunté tres retos inmediatos que Alejandro Moreno y su compañera de fórmula tendrán. Veremos cómo enfrentan su responsabilidad y qué resultados obtienen. De ello, en buena medida, depende el futuro del partido. Iniciarán su encomienda de la mejor forma posible: estar legitimados por el voto de más de un millón y medio de electores.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA
@RUBENMOREIRAVDZ

El poder económico y el poder político

3 Sep, 2019 El Heraldo de México

Como otros líderes emergentes, el carismático Adolfo Hitler movió el orgullo de su pueblo y en las minorías encontró a los enemigos perfectos para su proyecto político.

En días pasados, para ser exactos el 1 de septiembre, se cumplieron 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial. El detonante visible: Alemania, con la complacencia del poder soviético, invadió Polonia. En cuestión de días, esta nación sucumbió ante los germanos.

En términos generales, la historia es conocida: Alemania, Japón e Italia terminaron vencidos. Tras la caída de Hitler, el mundo descubrió el horror del Holocausto judío; Estados Unidos y la Unión Soviética se dividieron por un tiempo el mundo e iniciaron una carrera armamentista e ideológica, a la que se denominó guerra fría.

A propósito del aniversario, vale la pena recordar el libro El Orden del Día, de Éric Vuillard. Novela sugestiva que nos introduce en los vínculos de los corporativos empresariales alemanes con el nazismo. En el libro desfilan los nombres de Gustav Krupp, Wilhelm von Opel, Albert Vögler, August Rosterg y Wolfgang Reuter. Es fácil descubrir quiénes eran estos caballeros; algunos de sus apellidos hoy son marcas registradas.

Hitler asumió el poder total gracias a un proceso electoral y, paradógicamente, a la incredulidad del culto pueblo alemán que no distinguió los rasgos psicópatas de su líder. Como otros líderes emergentes, el carismático Adolfo Hitler movió el orgullo de su pueblo y en las minorías encontró a los enemigos perfectos para su proyecto político. Lo anterior, sin olvidar que para no “batallar”con eso de la democracia y la libertad de expresión, el loco de “marras” encarceló y eliminó a muchos de sus adversarios.

Inicialmente, las grandes potencias occidentales de la época, EU, Francia e Inglaterra, principales exponentes del capitalismo internacional, vieron en el Führer a un aliado contra el avance del comunismo. Pero los locos están locos y, tarde o temprano, son congruentes con su padecimiento y se salen de control. Tan solo unos meses después de iniciada la guerra, Hitler pisaba París y bombardeaba Londres.

Vuillard narra cómo un día de febrero de 1933, los propietarios de Bayer, BMW, Siemens, Agfa, Shell, Telefunken y Thyssen Krupp se reunieron con Hitler para financiarle su campaña electoral. Durante la guerra, muchas de estas empresas se beneficiaron con jugosos contratos y se les permitió aprovechar para su producción materias primas sustraídas de los pueblos sometidos, así como hacer uso de mano de obra esclava. El régimen nazi desapareció, pero no los capitales que fueron sus aliados y que contribuyeron de forma consciente a una de las pesadillas más terribles de la historia.

Un conocido pensador alemán decía que en el capitalismo tarde o temprano el poder político queda sometido al económico. Por cierto, y por aquello de la moral, hay que agregar que el poder político no tiene la habilidad del económico para limpiar su nombre. Una conveniente cantidad de dinero para obras pías y una buena campaña ideológica borra la responsabilidad que el capital haya tenido en cualquier crimen.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA
@RUBENMOREIRAVDZ

Ejército Mexicano

17 Ago, 2019 El Heraldo de México

Un año antes, el 19 de febrero, en Coahuila, el Congreso del Estado desconoció a Victoriano Huerta, y autorizó al gobernador Carranza a levantarse en armas, permitiéndole la organización de un ejército.

El 13 de agosto se cumplieron 105 años de la firma de los Tratados de Teoloyucan. Con ello terminó una fase de la Revolución y se acordó la disolución del Ejército federal.

La Revolución constitucionalista había triunfado. Un año antes, el 19 de febrero, en Coahuila, el Congreso del Estado desconoció a Victoriano Huerta, y autorizó al gobernador Carranza a levantarse en armas, permitiéndole la organización de un ejército.

Aquellos acontecimientos marcaron el nacimiento de una institución con características muy distintas a las que sustituía. Los viejos generales aristócratas y los oficiales del Porfiriato fueron licenciados y se terminaron las levas como forma de reclutamiento. Carranza inició la construcción de un ejército moderno. La tarea se prolongó por varias décadas y en la historia de las Fuerzas Armadas hay figuras fundamentales como Amaro, Ávila Camacho o Urquizo.

Hace unos días, en la opinión pública, se discutió sobre el futuro de las Fuerzas Armadas. El detonante fue una opinión del Ejecutivo federal sobre la necesidad o no de su permanencia. Cuando hablamos del Ejército Mexicano, lo hacemos, en el fondo, sobre un tema de importancia capital: la seguridad nacional. Es claro que el concepto a que me refiero va más allá de la función militar, pero cuando se dialoga sobre la conveniencia o no de su existencia, necesariamente entramos en la órbita de ese concepto. El Ejército ha sido un elemento fundamental en la política del México posrevolucionario.

Me permito señalar cuatro de sus contribuciones más relevantes: 1) A diferencia de lo que vivieron todos los países latinoamericanos en el siglo XX, el Ejército de la posrevolución nunca cayó en la tentación de tomar el poder. 2) Por el número de elementos, contamos con un Ejército moderado en sus dimensiones y en el presupuesto que se le asigna. 3) Para bien o para mal, se le asignó la tarea de combatir al narcotráfico, principal problema del país, y cuando menos en los próximos cinco años tendrá un rol importante en la seguridad interna del país. 4) En materia de protección civil, tanto la Sedena como la Marina tienen responsabilidades asignadas. No hay posibilidad de prescindir de ellos.

La región no ha tenido conflictos bélicos y se aprecian pocas probabilidades de ellos en el futuro. Sin embargo, hay muchos ejemplos en el mundo de periodos prolongados de estabilidad que terminan bruscamente. Además, sin Ejército nuestra seguridad quedaría formalmente en manos de nuestro vecino.

Deshacer el Ejército Mexicano sería un error histórico e imposible de enmendar. Pareciere que la discusión quedó al olvido, pero la manifestación se registró en un gobierno que ha proclamado el cambio de régimen. El futuro de la Fuerza Armada se tendrá que discutir.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA
@RUBENMOREIRAVDZ

El día después

5 Ago, 2019 Voz y Voto

El 11 de agosto el PRI decidirá su próxima dirigencia nacional, lo hará con el método de elección abierta a la militancia. Es decir, podrán participar más de seis millones y medio de electores priistas, cuyo voto será una de las acciones más trascendentales para el futuro del partido.

Me parece necesario insistir en el hecho de que la elección es solamente una de las decisiones importantes que tendrá que asumir la militancia en el futuro del partido. La derrota que vivió el PRI fue terrible, pero las cosas van peor de lo que se esperaba. Tocará a la militancia seleccionar a la dirigencia y, con ello, romper la cadena de decisiones cupulares que se hicieron una constante en los últimos años.

La inevitable pregunta: ¿Qué pasó con el PRI?

No me refiero al resultado electoral, cualquiera lo sabe. De ello sólo vale la pena señalar que hay una diferencia significativa entre los votos del candidato a la presidencia y de quienes lo acompañaron compitiendo por otros cargos. La diferencia es desfavorable para el primero.

Pasan los días y los militantes no tenemos respuestas contundentes para explicar la debacle, como tampoco una ruta clara para volver a ser una alternativa. En otras latitudes, en la derrota estrepitosa, se llama de inmediato a una renovación total de la dirigencia. Acá se optó por dejar pasar el tiempo y administrar la transición. Es indudable que se requiere de una directiva con mayor legitimidad para convocar a la militancia a responder preguntas como las siguientes: ¿Qué pasó? ¿Dónde estamos? ¿Seguimos siendo un partido viable? ¿Qué somos? ¿Qué queremos ser? ¿Qué hacer? A ello se suma que es imposible ejecutar el mandato de la militancia si no se cuenta con su respaldo.

En el horizonte se han dibujado explicaciones para entender el resultado electoral y también propuestas para, en su caso, aliviar al enfermo. Sin embargo, no son satisfactorias ni mucho menos contienen el consenso del priismo. Se discute y propone lejos de la base. Desde hace años no hay aprecio a la voz de los seccionales. La directiva sigue sin reconocer que es el militante de territorio el mejor calificado para responder, por qué su vecino votó por otra opción.

Como un boxeador que ha recibido un fuerte golpe, el PRI no ha tenido la oportunidad de despejar la mente y encontrar el camino para reponerse. En la arena política llevamos un año trastabillando en una semi inconsciencia, en la que no atinamos a establecer una estrategia que nos permita regresar a la pelea. Lo anterior es comprensible. Por ello se precisa de una dirigencia con la mayor fuerza posible, la cual sólo puede surgir de una elección en donde la militancia participe y decida.

El 11 de agosto los priistas cumpliremos con ese primer requisito. Se intentó evitar una elección de estas características, no faltó quien esgrimiera, como pretexto, el rompimiento de la unidad; otros plantearon la posibilidad de intervención de agentes externos al Partido y hubo quienes expusieron el miedo a ser exhibidos por una baja participación en los comicios. Salvo el último de estos supuestos inconvenientes, los otros se pueden argumentar en contra del resto de los métodos de selección que establece el estatuto partidario.

Como en toda contienda, los ánimos y pasiones se exaltan. Eso no es malo, siempre y cuando acepte la derrota quien no se vea favorecido por la voluntad de sus correligionarios y, quien triunfe, convoque de forma inteligente a la ruta de la reconstrucción. El reto es más complejo de lo que parece, la dirigencia y la militancia tendrán que asumir prácticas que, si bien no son inéditas, han sido poco frecuentes en la vida institucional del partido.

Durante años se desmanteló la vida interna del pri. En términos de reflexión y debate político, la actividad del militante fue limitada y disminuida. Se eliminaron los procesos democráticos internos y se descuidó la estructura territorial. El seccional, célula base del partido, fue excluido de todo tipo de decisiones. El menosprecio, salvo excepciones, llegó al extremo de no someter a la evaluación de la militancia las políticas publicas de los gobiernos que, gracias a su apoyo, accedieron al poder.

En menor o mayor medida, las dirigencias actuaron como si el partido fuera una agrupación de cuadros y no de masas. Tal vez esa contradicción con el diseño y naturaleza del PRI fue una de las razones por las cuales, al momento de ser requeridas, las bases no respaldaron las propuestas de la cúpula. La crisis se acentuó cuando, con el propósito de sustituir y evitar la práctica partidaria y la lealtad a una posición política, ideológica o histórica, se recurrió al marketing y a las famosas “estrategias de comunicación”.

Por el daño causado, me detengo un poco en el tema del llamado “marketing político”. Su uso fue de tal magnitud que vale la pena reflexionarlo. Como partido, cedimos a la tentación de enfrentar los procesos electorales con fórmulas mágicas que incluían figuras artificiales y lemas de coyuntura. Para infortunio, tuvimos de inicio buenos resultados, lo que profundizó el abandono de la vida partidaria. La quiebra vino al momento de una competencia complicada, donde la derrota tomó proporciones catastróficas. El famoso “voto duro” nos abandonó.

¿Hay posibilidad de regresar a la contienda?

Sí la hay. No obstante, es necesario dejar en claro que la elección abierta es sólo el comienzo de una amplia estrategia. No basta que la dirigencia esté legitimada por el voto de la militancia. Son muchas más las cosas que se requieren para que aparezca una luz al final del túnel. La responsabilidad de la nueva directiva es mayúscula. No falta quien espera triunfos inmediatos y los que exigen que la simpatía de los votantes regrese al pri de un día a otro. El tema es complejo y va más allá de buscar satisfacer expectativas a corto plazo. En la mesa se encuentra el futuro del partido. No hay espacio para el uso de “fórmulas mágicas”, esto nos llevó a la situación en la que nos encontramos.

¿Qué hacer?

En mi opinión, hay cuando menos cuatro tareas ineludibles y un requisito estructural. Entregar el poder a la militancia es el requisito. El futuro del partido no puede enfrentarse sin que los militantes participen en la reflexión y toma de decisiones.

La respuesta a la crisis debe comenzar por un cambio radical. Es necesario llevar la conducción del partido al territorio, alejarla del poder gubernamental, quitársela a los que se la apropiaron para fines personales y expulsar, de paso, la práctica del marketing. Un partido es una visión de futuro y una herencia cultural. Los triunfos sólidos se presentan cuando un mensaje honesto convence a los electores. Otros mecanismos normalmente conducen a victorias momentáneas y derrotas posteriores.

Primera tarea. ¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Qué representamos? ¿Qué México queremos? Es imprescindible una asamblea nacional para responder lo anterior. Tenemos que confirmar en la militancia el sentido del mensaje que se desprende del último resultado electoral. Nos abandonaron nuestros electores tradicionales: los habitantes de barrios y colonias mudaron su voto a otra opción política en busca de lo que nosotros éramos.

Muchos pensamos que el abandono a nuestros principios históricos fue uno de los motivos de la derrota. Siendo un partido que en sus documentos pregona la socialdemocracia, nunca nos faltan candidatos que salen a la calle con posiciones que rayan en la ultraderecha y gobiernos que envidiarían a los partidos más conservadores. Sin embargo, la ruta del pri tiene que ser confirmada por la reflexión y decisión de una gran asamblea nacional.

Segunda tarea. Reorganizar al partido. Decidir la forma en la cual nos vamos a estructurar. Tomar conciencia de la función que tiene nuestra base territorial y de la actuación que corresponde a los sectores, movimientos y organizaciones.

Definida nuestra posición ideológica y la visión que tenemos para México, nos corresponde articularnos dentro de la sociedad para confrontar nuestra idea de país con la de aquellos que tienen una opción diferente. Urge dentro del partido una práctica política permanente y los mecanismos para que la reflexión y la decisión salgan de la base y no se le impongan.

Tercera tarea. Nada ha hecho más daño al PRI que su relación con el gobierno. Paradójicamente, sus peores crisis las ha vivido con autoridades emanadas de sus filas. El partido debe ser vanguardia y no procesión de un gobierno.

El PRI debe evaluar a los gobiernos y, cuando nazcan de él, tener muy claro el límite hasta donde se les puede acompañar. No sólo se debe abandonar a un mal gobernante, también se debe tomar distancia de aquellos que se alejen de los principios e ideas fundacionales del partido.

Cuarta tarea. Evitar para siempre que la cúpula rapte al PRI. No son pocas las veces que observamos un proceso democrático para la selección de una candidata o candidato, quien una vez satisfecha su pretensión, se convierte en cúpula y se suma a las prácticas antidemocráticas y centralistas que antes criticó.

La autonomía del partido requiere varias cosas, entre ellas, la suficiencia financiera de su estructura estatal, la eliminación de prácticas y facultades metaestatutarias, el fortalecimiento del vínculo del partido con quienes lo representan en cargos legislativos y, también, disminuir al máximo las facultades de la dirigencia para designar candidatos o sustituir a las directivas estatales.

A la próxima dirigencia no le puede satisfacer solamente el triunfo, su misión es mayor: convocar a la militancia a recomponer el partido.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA
@RUBENMOREIRAVDZ

Saltillo

5 Ago, 2019 El Heraldo

Actualmente, en la capital de Coahuila habita cerca de un millón de personas, y es centro de una zona económica pujante.

No se sabe la fecha exacta del arribo de los primeros peninsulares al valle que hoy ocupa Saltillo.Antes de 1577 ya lo habían visitado exploradores que buscaban minerales para financiar a la Corona o civilizar a indios aplicando la pedagogía de los latigazos.

Actualmente, en la capital de Coahuila habita cerca de un millón de personas, y es centro de una zona económica pujante. El trazo de sus calles y el diseño de sus edificios hacen memoria de nuestro pasado colonial.

El 25 de julio de 1577 se aceptó como fecha de fundación de Saltillo, y en 1591, a un lado de ella, se estableció el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala.

Saltillo ha sido testigo y protagonista de múltiples acontecimientos. En sus calles camina la historia. Hay una sabiduría colectiva que mezcla el mundo chichimeca, español y tlaxcalteca.

Pero también hay algo de sefardí, palestino, libanés y anglosajón que se asoma a cada paso que damos por sus plazas y vecindarios.

El templo de San Esteban o la Catedral de Santiago han visto pasar a expedicionarios españoles, funcionarios de la monarquía que levantaban inventarios de la lejana provincia, insurgentes que huían tras la derrota, soldados americanos, modestos republicanos que luchaban contra el imperio, revolucionarios norteños y un montón de presidentes.

En las calles de Saltillo caminó Alberto del Canto, fundador de la ciudad; Francisco de Urdiñola, Xicoténcatl el joven, el cura Hidalgo, Santa Anna, Taylor, Juárez, Acuña, Madero, Carranza, Torri, Valle Arizpe, Vito y Miguel Alessio Robles, Cárdenas y muchos más.

Bueno, lo hizo hasta Edward Hopper, famoso creador norteamericano que desde el techo del antiguo Hotel Arizpe Sáenz pintó la ciudad, su cielo hermoso y sus azules montañas.

El santo patrón de Saltillo es Santiago Apóstol, que se impuso a San Esteban, el protomártir cristiano protector del poblado tlaxcalteca.

Sin embargo, la fiesta más importante es la del Santo Cristo, el 6 de agosto. Hasta quienes no creemos en los milagros sabemos que el Señor de la Capilla es muy cumplidor.

Hoy, Saltillo sigue siendo la ciudad limpia y culta que narra Miguel Alessio Robles en Perfiles de Saltillo. Pero también, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, es la que tiene una mayor percepción de seguridad en el país; la segunda con mejor movilidad urbana, según el IMCO, y una de las mejores para invertir en México.

No es tarde para felicitar a la Atenas del Norte, y menos para aclarar lo modesto que somos los saltillenses cuando describimos a nuestra ciudad.

Por cierto, yo soy antitaurino y estoy por la abolición de las corridas, pero no tengo duda de que el mejor torero que ha visto el mundo es mi paisano Armilla.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA

@RUBENMOREIRAVDZ

La Reforma Electoral que viene

31 Jul, 2019 El Heraldo

En términos generales, contamos en México con instituciones confiables que han dado fin a los grandes debates postelectorales.

Si bien no es un secreto y su información se difunde por algunos medios nacionales, el Foro para la Reforma del Estado y Electoral que se celebra en la Cámara de Diputados no acapara la atención de la opinión pública. El objetivo por el que fue instalado no genera todavía el interés de las mesas de debate.

La intención es clara. En la mira está el federalismo, la autonomía de los órganos electorales y el sistema de partidos. Salvo los interesados en el tema, son pocos los que se han percatado de un peligro que avanza desde San Lázaro, el cual, de concretarse, alterará instituciones y procesos fundamentales del México moderno.

¿Qué razón tienen las reformas? Entre ellas, desmantelar los órganos de administración electoral y los que resuelven las controversias jurisdiccionales de la materia.

Es evidente que el país no atraviesa por una crisis de naturaleza electoral, pues si algo quedó claro en los últimos comicios fue que ninguna voz cuestionó los resultados ni la legitimidad de los triunfadores.

Varios especialistas convocados al Foro mostraron extrañeza por la intención de realizar, en estos momentos, reformas de gran alcance. Uno de ellos fue el investigador de la UAM Eduardo Medina Torres, quien disertó sobre el recuento de las reformas electorales y su relación con acontecimientos políticos del país. Vale la pena ver y escuchar su relato aquí (bit.ly/2Fua2VV).

En términos generales, contamos en México con instituciones confiables que han dado fin a los grandes debates postelectorales. Es cierto que se han destinado muchos recursos a la organización de comicios, pero hemos logrado, a cambio de ello, procesos democráticos incuestionables. También es verdad que hay uno o dos consejeros del INE a quienes les gana la estridencia y poco abonan a una conducta seria y austera, pero se trata más de actitudes personales que institucionales.

El lobo que parece nadie ve y que se ha vestido con piel de “supuesto ahorro presupuestal” puede causar estragos mayores a la vida democrática de México.

La finalidad es restar facultades a los estados, centralizar el poder como en el siglo XIX, retroceder hacia conductas que se criticaron en el antiguo régimen y golpear al sistema de partidos.

Bajo la consigna de la austeridad y un discurso descalificador, avanza sigilosamente una reforma que nadie pidió y que las condiciones del país tampoco la exigen.

Debilitar al árbitro electoral no es necesario para un gobierno que llegó con un gran respaldo popular. Golpear al federalismo resulta suicida en un país donde las entidades son cada vez más distintas y la fórmula de la autonomía es la que puede mantenerlas sin rupturas y disputas.

POR RUBÉN MOREIRA

El Dilema del PRI

10 Jun, 2019 La Prensa de Monclova

¿Quiénes fueron los que creyeron que la función del PRI era de sumisión al gobierno y desdeñaron su papel de vanguardia, soporte y reflexión ideológica? ¿Quién dijo que la palabra revolución era anticuada? ¿Quién pensó que los simpatizantes del PRI habían dejado de pensar en sus referentes históricos?

Hay películas donde un viajero en el tiempo se encuentra consigo mismo y no sabe qué hacer. Ese es el dilema del PRI; sus simpatizantes lo abandonaron por un “visitante” del pasado que se apropió de aquel mensaje que le dio al tricolor triunfos y empatías con los segmentos populares.

No hay duda, el PRI es un partido que nació de la revolución, como tampoco la hay de que esta fue la primera de carácter social en el siglo XX. Reconoció derechos sociales, repartió la tierra y nacionalizó industrias estratégicas. Los gobiernos de la revolución penetraron a muchas generaciones con la poderosa ideología que llamaron nacionalismo revolucionario y el partido era un gran megáfono de ella. Contra lo que se piensa, el concepto revolución no se estancó en 1929, el partido durante décadas reflexionó y operó temas de avanzada. Un concepto que ahora parece trillado –revolución- se mantuvo vigente a partir de rupturas con el statu quo. El rito era, parafraseando una novela, romper para crear.

El pasado domingo, sucedió lo que se esperaba, los resultados electorales fueron adversos al PRI y parecidos a los de un año atrás. No hace falta echar muchos números para descubrir por quien votaron sus simpatizantes. Baja California, es un ejemplo, hace seis años el partido se quedó a cuatro puntos de la gubernatura, ahora en un lejano quinto lugar. Los resultados nos dicen que el triunfador recogió la voluntad de los sectores populares, que antes eran una cantera del PRI.

Al neoliberalismo que gobernó y atrapó al partido no le interesó la ideología, prefirió el discurso del mercado y los rendimientos económicos. México generó riqueza, pero eso no disminuyó a los pobres. Los neoliberales cambiaron el rumbo, y convirtieron al partido en trampolín electoral. Impidieron que sus sectores y organismos encabezaran causas, y pensaron que el marketing era suficiente para ganar.

El tiempo alcanzó al PRI en 2018 y sufrió una derrota estrepitosa; perdió frente a una imitación de lo que fue su ideología y con organizaciones que tratan de revivir la grandeza que tuvieron las suyas. Es un problema estar en el hoyo, pero es mucho más grave no saber cómo salir. La militancia es la única que puede reclamar la herencia de aquel pasado que los votantes añoran del PRI. En un país con tantos pobres, en la política se deben tener ideas y causas, y no plástico y publicistas.

El problema es mayúsculo, el deseo de evitar la ruptura, no puede ocultar una verdad innegable: el partido es de la militancia y ella tiene que decidir su futuro.

POR RUBÉN MOREIRA

La paz es posible

31 Jul, 2019 Voz y Voto

El país vive, exceptuando sus años de guerra civil, el mayor momento de violencia en su historia. Llevamos más de una década de espiral de homicidios que parece nunca cesarán. En el ambiente que ha generado la inseguridad, encontramos a muchos políticos y líderes de opinión plantear todo tipo de análisis y recomendaciones; no pocas de ellas disparatadas y violatorias de los derechos humanos.

En el debate es común encontrar acusaciones y reproches. Hay quienes culpan a Felipe Calderón del desastroso momento de violencia en el que nos encontramos; otros, al prohibicionismo de algunas drogas, y unos más al sistema económico.

Me atrevo a mencionar a Calderón porque él hizo de la política en inseguridad su obra de gobierno; sin embargo, es claro que desde muchos años antes se habían incubado las condiciones para el estallido de la violencia. Más allá de su eficacia, fue su decisión de enfrentar el crimen lo que a mi juicio precipitó lo que tarde o temprano se iba a desencadenar. En mi opinión, el motivo del fracaso radica en la nula capacidad política del entonces presidente para lograr, con gobernadores y alcaldes, acuerdos de respaldo a su agenda.

No estamos en las condiciones de un Estado fallido, pero sí de uno disfuncional. Para sostener lo anterior, valgan cuatro datos: 1) son muchas las zonas del país donde los ciudadanos no pueden transitar libremente e incluso las autoridades no se atreven a hacerlo; 2) las cifras de homicidios crecen y las políticas públicas nacionales han fracasado en su intención de disminuirlas; 3) no son pocos los grupos de autodefensa que patrullan y someten parte del territorio nacional; 4) los principales capos de la delincuencia son juzgados en otros países.

En los elementos arriba escritos, es fácil identificar los síntomas de un Estado claramente disfuncional. En el cuarto de ellos vale la pena hacer un comentario que ilustra la afirmación. ¿Por qué un país extradita a quien le ha hecho tanto daño? La lógica nos dice que la respuesta a la pregunta está relacionada con la capacidad del país para garantizar una sanción efectiva y la certeza de que la misma se cumpla. En el sistema penitenciario también somos disfuncionales.

¿La paz es posible? La respuesta es sí. La solución en sí misma es muy simple, pero compleja y difícil al momento de ser instrumentada. Se requiere que los tres órdenes de gobierno demuestren una clara voluntad de actuación en contra del crimen, con políticas públicas adecuadas y un espacio de tiempo razonable para su aplicación. El lector seguramente me cuestionará sobre el segundo de los elementos, argumentando que con él se puede decir todo y nada; al respecto, basta comentar que si revisamos los pocos lugares del país donde ha mejorado la seguridad, nos daremos cuenta de que su éxito pasó por aplicar fórmulas muy conocidas e incluso de bajo costo.

La violencia disminuyó en lugares donde se limpiaron las policías y se les aumentó el salario; se crearon cuerpos élite; se construyó, aun modestamente, un sistema de inteligencia; se golpearon los ingresos del crimen; se generó empleo y se invirtió en educación, deporte y cultura. Como se observa, no se trata de descubrir el hilo negro.

Entre una comunidad violenta y una en paz hay un factor que hace la diferencia, y consiste en la voluntad de actuar que asumieron las autoridades que se convirtieron en exitosas. Los gobiernos locales con buenos resultados enfrentaron al crimen, incluso en áreas en las cuales pudieron haber objetado falta de competencia. Donde hubo logros no se realizaron grandes reformas legales: se aplicaron las normas existentes, se diseñaron políticas de seguridad inteligentes, pero sobre todo se mostró el compromiso por mejorar indicadores.

El éxito llegó al sistematizar procedimientos y evaluar resultados. Lo último parece sencillo, pero en mi experiencia, la autoridad al escuchar y procesar reclamos, críticas y opiniones, tiene que distinguir las legítimas e informadas y, por lo tanto, aprovechables, de aquellas desinformadas o malintencionadas. En materia de seguridad son muchos más los que opinan que aquellos que en realidad saben.

La violencia se ha convertido en un problema de seguridad nacional y, por consiguiente, afecta la estabilidad económica, política y social del país, además de que coloca en un grave riesgo a sus habitantes.

Si ustedes me preguntan sobre la pertinencia de la Guardia Nacional, no dudo en reconocer que es un elemento que requiere el nuevo gobierno; pero, también, puedo afirmar que por sí misma es insuficiente para atraer la paz; lo es como lo han sido muchas otras acciones aisladas de los últimos gobiernos federales.

El presidente López Obrador, en el Plan Nacional de Desarrollo que sometió a la consideración de la Cámara de Diputados, incluye, además de la Guardia Nacional, elementos novedosos dentro de su propuesta de seguridad. Entre ellos sobresale la justicia transicional y la posibilidad de indultos y amnistía, la despenalización del uso de las drogas y el fin de lo que llaman “la guerra contra el narcotráfico”. Visto lo que ha sucedido con otros intentos del Estado, este que tiene características muy particulares, sólo podrá avanzar si los gobiernos subnacionales y municipales lo asumen y se corresponsabilizan de su cumplimiento.

En suma, para lograr el éxito se requiere una política de Estado, una voluntad de Estado y una conducta de Estado que se refleje en la coordinación que no hemos tenido en los últimos doce años. El nuevo Ejecutivo federal rendirá buenas cuentas, en la medida en que los gobernadores y alcaldes se involucren en la lucha contra el crimen y asuman su corresponsabilidad en el territorio bajo su jurisdicción.

POR RUBÉN MOREIRA